Foto tomada de Google Maps: https://maps.app.goo.gl/ZDeKh1zPDcooR6LF6
Análisis de contexto: la clave para entender los feminicidios
Texto por: Louise Bénézech*
“Nos han quitado todo, nos robaron, mataron nuestras ilusiones, nuestro deseo de vivir, nuestro deseo de comer, de seguir adelante”, “Pasaban los segundos, pasaban las horas, ¿a mí se me hacía interminable y mi hija por qué no regresa? ¿Y mi hija por qué no regresa?”. Así hablan madres de víctimas de feminicidios en Ciudad Juárez, entrevistadas por Nayeli Cruz en un vídeo del artículo de El País del 30 de enero de 2022. Este fenómeno de feminicidios masivos en este lugar se hizo tristemente conocido con el caso del Campo Algodonero.
El 10 de octubre de 2001, en Ciudad Juárez, Claudia Ivette González, de 20 años, desapareció mientras regresaba de la maquiladora donde trabajaba. Horas antes, le habían negado la entrada y la habían despedido por llegar apenas unos minutos tarde, pese a sus súplicas. El 22 de octubre de 2001, la llamada de Laura Berenice Ramos, de 17 años, a una amiga para planificar una fiesta fue la última prueba de vida. Una semana después, el 29 de octubre, Esmeralda Herrera Monreal, de 15 años, salió de la casa donde trabajaba como empleada doméstica y nunca logró regresar a su hogar.
¿Por qué Juárez? ¿Por qué mataban allí y así a las chicas? ¿Por qué no encontraban a los culpables? ¿Por qué continuaban los crímenes?
Respuesta de las autoridades y búsqueda de justicia
Cada familia, muy preocupadas por ellas, llamó a la policía en las horas siguientes a la desaparición de sus hijas, pero se enfrentaron a comentarios por parte de agentes estatales como que “eran muchachitas que andaban con el novio”, “andaban de voladas”, “andaba con los amigos de vaga”, y “si le pasaba eso era porque ella se lo buscaba”. Entonces, las familias iniciaron búsquedas por su parte, formando grupos de allegados y familias solidarias para peinar la zona, recorriendo los lugares más oscuros y peligrosos que rodean Ciudad Juárez, tristemente conocida por sus feminicidios.
El 6 de noviembre de 2001, algunos obreros avistaron un pie emergiendo del suelo. Ante tal horror, llamaron a la policía, que descubrió los cuerpos de las niñas a las que se había negado buscar. Los cuerpos mostraban signos de violencia sexual y tortura. Incluso frente a su error anterior, los policías no llevaron a cabo la investigación con rigor, no protegieron la escena del crimen y movieron los cuerpos, lo que tuvo como consecuencia la imposibilidad de identificar ADN y, por tanto, a los posibles agresores de estos horribles crímenes. Al día siguiente, encontraron a 5 chicas más con los mismos signos de violencia y en el mismo lugar.

¿Por qué es necesario el análisis de contexto?
Algunas preguntas se volvieron una obsesión: ¿Por qué Juárez? ¿Por qué mataban allí y así a las chicas? ¿Por qué no encontraban a los culpables? ¿Por qué continuaban los crímenes? Ahora es cuando interviene el análisis del contexto.
¿Pero qué es el análisis de contexto? “Es una herramienta estratégica que permite dar cuenta de los modos en los que se ha gestado la construcción social de las víctimas en un determinado territorio acechado por el fenómeno de la desaparición masiva de personas1“. El objetivo es determinar la responsabilidad individual por crímenes internacionales y comprender cualquier fenómeno (en este caso el feminicidio) de manera integral, esto es, sin aislarlo de todos los aspectos que lo determinan.
Para definir que el análisis de contexto sea necesario, deben reunirse los siguientes elementos: una idea de un orden o planificación de violaciones de derechos humanos, una generalidad, es decir un alto número de casos, y una extensión geográfica con una ausencia de respuesta del sistema de justicia penal, y por último violaciones estructurales provenientes de procesos de construcción de cultura política y social de subordinación. Después de indentificar la necesidad del análisis se deben establecer líneas de investigación para determinar el delito, las personas probables, una razón de género y los puntos comunes entre las víctimas.
Ciudad Juárez y la maquila: origen de un patrón de violencia
Para aplicar el análisis del contexto al caso del Campo Algodonero, necesitamos retroceder en el tiempo. En la mitad de los años 60, Ciudad Juárez inició su desarrollo con un auge de la industria maquiladora que se intensificó con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1993.
Este cambio tuvo como consecuencia un giro en la vida familiar y los roles tradicionales, reflejando a la mujer como proveedora del hogar, más competitiva e independiente económicamente. No obstante, no hubo tal cambio en las actitudes y mentalidades. Los estereotipos y comportamientos discriminatorios tuvieron como consecuencia que los crímenes no sean percibidos como de magnitud importante e influyen en las investigaciones y medidas tomadas frente a los casos de feminicidios.
Entre 1993 y 2003 se registraron entre 260 y 370 feminicidios, mientras que las desapariciones alcanzaron las 4,456 entre 1993 y 2005, según la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Relacionados con Homicidios de Mujeres en el Municipio de Juárez.
Factores comunes entre las víctimas
¿Pero qué relaciona a todas estas mujeres asesinadas o desaparecidas? ¿Qué une a las tres víctimas del Campo Algodonero además de que sus cuerpos fueron encontrados en el mismo lugar?
Esto se lo preguntaron los jueces de la Corte Interamericana de Derechos Humanos cuando las familias de estas tres mujeres les presentaron su denuncia.
Identificaron particularidades que también corresponden a muchos casos anteriores. En cuanto a las personas señaladas, los puntos comunes son la edad: tienen entre 15 y 25 años, la actividad: son estudiantes o trabajadoras en maquilas y el ser de origen socioeconómico modesto.
En cuanto a las condiciones, estos casos se caracterizan por el secuestro y cautiverio de las mujeres, una denuncia por parte de las familias, una ausencia de reacción efectiva por parte de las policías con comentarios denigrantes, la localización de las víctimas sin vida días o meses después y un «modelo de violencia» semejante con signos de violencia, abuso sexual o tortura, basado en el hecho de ser mujer.
Una sentencia histórica de la Corte Interamericana
Por medio de este análisis de contexto, el 16 de noviembre de 2009, la CoIDH declaró la responsabilidad internacional de los Estados Unidos Mexicanos por “la falta de medidas de protección a las víctimas, dos de las cuales eran menores de edad; la falta de prevención de estos crímenes, pese al pleno conocimiento de la existencia de un patrón de violencia de género que había dejado centenares de mujeres y niñas asesinadas; la falta de respuesta de las autoridades frente a la desaparición […]; la falta de debida diligencia en la investigación de los asesinatos […], así como la denegación de justicia y la falta de reparación adecuada”.
Esta es una sentencia supranacional paradigmática porque fue la primera en la que se aportan lineamientos para enfrentar la discriminación con perspectiva de género. Para cumplir la reparación del daño, al Estado de México le exigieron que condujera eficazmente el procedimiento penal, que publicara la sentencia, que pagara la reparación de daños y de los perjuicios de las familiares, que erigiera un memorial y que homologara y estandarizara los protocolos, manuales y criterios materiales de investigación conforme a instrumentos internacionales como el Protocolo de Estambul.
Ubicación del Memorial a Víctimas de Feminicidio – Campo Algodonero
Un impacto limitado y una lucha que continúa
A pesar de que este caso del Campo Algodonero haya tenido un impacto en todo el país porque trascendió la sociedad y la cultura hasta llegar al ámbito jurídico, y aunque la CoIDH pudo determinar, identificar, prevenir, investigar, perseguir y sancionar la violencia de género, la lucha sigue vigente.
Según el reporte de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Veracruz, la sentencia no tuvo ningún impacto; todavía hoy el gobierno no tiene ninguna línea de investigación que permita saber quién cometió los crímenes del Campo Algodonero y Juárez sigue siendo “marcada por las cruces cavadas y las cruces pintadas, por sus paredes y postes y árboles llenos de fotos de chicas sonrientes en búsqueda”.
*Louise es estudiante, le interesan los temas de seguridad, derecho y geopolítica y actualmente es pasante por el programa de Emlyon Business School en el IMDHD
1Autora: Rita Canto Vergara Localización: Alteridades, ISSN-e 2448-850X, ISSN 0188-7017, Vol. 32, Nº. 64 (Políticas de justicia y reparación), 2022, págs. 47-57
